Le sorprende a uno comprobar con qué frecuencia ocurre que los que (más) temen a la muerte son los que menos vivos están, los ya medio muertos, los obtusos, los que no quieren saber de nada, y solo chillan sensaciones o sentimientos, y a veces ni eso
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ABOA
Escoita, mai, voltei.
Estou no adro
onde aquel día o grande corpo
de meu abó ficou.
Inda oio o pranto.
Voltei. Nunca partira.
Alongarme somente foi o xeito
de ficar para sempre.
José Ángel Valente: «Cántigas do alén»
EL FINAL
El final de toda democracia, y muchas veces se nos antoja inevitable, no sería otro que la conjura de los necios
Debilidad del intelectual
Es un tema muy viejo que viene, por lo menos, reconocido con claridad desde Schopenhauer, cuando el filósofo alemán, en su apolillada jerga romántica, hablaba de genio y locura en un importante añadido a la segunda edición de su obra capital. Se trata simplementr de lo que no es extraño que le suceda al que llamaríamos «el intelectual». Aquel o aquella que, como está mucho tiempo pendiente de su mundo de ideas, un mundo de lecturas, de reflexión, aunque desde luego los artistas también entran aquí, entonces se hallaría a merced de algún listo o lista, dispuesto a aprovecharse de esa desatención sostenida que muestra el intelectual respecto de las cuestiones siempre urgentes de la vida cotidiana, de la vida práctica.
En resumidas cuentas, el desinterés de fondo del intelectual de pura sangre hacia el dinero, no es raro que lo vaya a convertir en víctima del primer o del segundo zorro que atisbe o vea claro el negocio o el valor de mercado de la producción de una intelectual o de una artista. Pues si se introduce un sujeto con visión empresarial, de los que van buscando rentabilidad y negocio en todo lo que miran, porque para eso miran, si se introduce a un elemento así de repulsivo en un medio intelectual, es probable que vaya a terminar explotando a alguien o a muchos de los pardillos de pululan por allí.
Creo que fue, por otra parte, Jean-Paul Sartre, aunque tal vez aquí el recuerdo se me confunda, el que habló en alguna ocasión, largo y tendido, de la característica debilidad sentimental y la dependencia emocional del intelectual. El intelectual es una persona extremadamente vulnerable, dice Sartre, creo que fue Sartre, en sus relaciones afectivas con el otro. Y por eso también suele ser desgraciada, desgraciado, en ese terreno.
Su característica falta de concentración en todos los asuntos cotidianos de la vida práctica, y no solo en la cuestión del dinero, eso lo somete a una debilidad constitutiva para, como se diría hoy en ese lenguaje empresarial de mierda, gestionar su vida, su vida cotidiana. Por lo que aumenta de modo alarmante la probabilidad de caer en manos de un explotador, como aquellos marchantes de antaño en el caso de los pintores, y también en el aspecto sentimental de su utilización en las garras de alguna pareja que se le haya presentado con la piel de cordero siendo un lobo.
De tontos tenebrosos
¿Habéis visto
nada más tenebroso
que un tonto?
Un tonto tiene vastas
concavidades donde
sólo hay noche y arañas,
lentas arañas tristes.
Y el tonto viene a tumbos
de pajiza desgracia,
a tropezones negros,
dándose en las paredes
de sí mismo, cayendo
en lo más hondo.
Encuentra
cosas: —¿Es esto amor?
¿es lluvia esto? ¿así es el mundo?
Él no lo sabe. Anda
a lo largo de un túnel
sordo.
José Ángel Valente: Punto cero, pp. 117-118.
VOTO DE ABSTINENCIA
Pertenece a la esencia de la imbecilidad estar completamente segura de que no necesita el baculum, el bastón para caminar por la vida. El tonto definitivamente no se deja ayudar y experimenta como ofensa cualquier intento de ayuda. Porque lo ve como un menoscabo de su libertad y su espontaneidad.
Como decía una estudiante: «¿A mí qué me importa Platón si yo tengo mis ideas?».
Dado todo esto, he decidido no volver a hacer por escrito ningún comentario sobre lo que ocurre en la política española o casi en la mundial.
CANTARES GALLEGOS, IV
Probe Galicia, non debes
Chamarte nunca española.
Qu’ España de ti s’ olvida
Cando eres ay! tan hermosa.
Cal si na infamia naceras
Torpe, de ti s’ avergonza,
Y á nay qu’ un fillo despreça
Nay sin coraçon se noma.
Naide por que te levantes
Ch’ aIarga á man bondadosa.
Naide os teus prantos enxuga,
Y homilde choras e choras.
Galicia, ti non tés patria,
Ti vives no mundo soya,
Y á prole fecunda tua
S’ espalla en errantes hordas,
Mentras trist’ e solitaria
Tendida na verde alfombra
O mar esperanzas pides
De Dios á esperanza imploras.
Por eso anqu’ en son de festa
Alegre á gaitiña s’ oya
Eu podo decirche
Non canta que chora.
El fascismo
A esta gente lo que le ocurre es que sigue al pie de la letra aquello que dijera, según cuentan, Millán Astray en su famosa arenga salmantina. Es decir, esta gente sí que habría llegado a ser, ahora y casi siempre, lo que de verdad son, ni más ni menos que Inteligencias Muertas.
De modo que el fascista, con su mera existencia, y eso es lo bueno que tiene, demostraría que la inteligencia, en último término, es lo mismo que el amor, como sabía Platón, como sabía también Aristóteles, como sabía Nietzsche…
CARTAS A ÓSCAR (1)
¿Qué hay majete?
Ya sabemos que yo no soy tan posmoderno como tú y toda tu panda, y también que mucho más que a las moscas del mercado, las que le van agotando a uno con sus picotazos, le temo al mercado mismo en que la filosofía se prostituye. Savater escribió una espléndida Apología del sofista, y mira tú dónde fue a parar, ojalá nos sirva de guía, pero esta vez negativa. Ya sabes, querido, que siempre me he entendido a mí mismo como amigo de la verdad. Pero no exijo a nadie que lo sea, si no te interesa para nada la Filosofía seguro que te interesan otras cosas, no sé cuales, cosas que se pueden encerellar con la Filosofía (no sé si este verbo último será castellano, pero lo pongo).
Te digo además, majete, que últimamente he estado rememorando mi encuentro con la lógica en el año 1974, con la admirada profesora Lucila González Pazos dándome clase en primero de carrera. Pero, ¿para qué nos sirve la lógica en un mundo como este, que por supuesto no sería el de las ideas? Un mundo sin esencias no sería practicable para los conceptos humanos. Vivimos en lo borroso, lo opaco, lo turbio, la ambigüedad dilecta del que no dice nada claro así lo maten, presumiblemente por la cuenta que le trae. Como recuerdo que una vez me dijiste, extrañamente airado, que hay que dejar atrás a Darwin, pero ¿qué te hizo el pobre?, entonces sé que no te va a interesar mi respuesta a la pregunta de para qué sirve la lógica, porque en el fondo es básicamente la que iba a dar Popper en nuestro mundo intelectual (post)darwiniano. Precisamente por eso la lógica es muy importante, porque todo es turbio, y con la lógica, con la argumentación pública, lo que podemos conseguir es desenmascarar al mentiroso. Como sabrás de sobra, ya lo creo, en todo grupo humano que tiene un objetivo declarado con claridad, y trabaja honradamente para conseguirlo, pretenden a menudo viajar gratis uno o varios polizones. Por ejemplo, llegar a lo alto de la cosa investigadora y docente colándose de rondón por un hueco que olvidaron tapar, evitándose así el via crucis de la carrera académica (te pongo este ejemplo porque lo entenderás divinamente ya que te has pasado la vida en la Universidad, ¿o no es así?)
Como muy bien vio Nietzsche, la conciencia lingüística, el Logos, es imprescindible para la comunicación entre nosotros los humanos. Aunque el pensador alemán aseguraba poder detectar la mentira simplemente oliendo, esta utilísima habilidad sería inaplicable en nuestro mundo de hoy, dados el progreso de la industria del perfume y la jeta granítica que se gastan ahora, esa abisal desfachatez en la impostura. Y es que no sé si sabes que habría gente podrida por dentro, son pura mierda, que sin embargo huele a gloria porque se pasa la vida echándose esencias de pitiminí. De modo que para atrapar al embustero sistemático la nariz difícil lo tiene ahora, lo que se requiere hoy es el trabajo que detecta contradicciones, o sea, es necesaria más que nunca la lógica. Sobre todo porque hoy es todo mercado y lo que no se convierte en mercadería no sale casi nunca de un cuartito de esos tan cutres de la uni pública.
MADRID TAPAS Y TRENES
Lo de que iba a haber un AVE Madrid-Toledo era mentira desde el mismo comienzo, y perdonen el anglicismo. Todo lo más tren-rápido, mire usted, un AVANT de esos, que tampoco van mal. Pero en la época aquella lo chic era viajar «en AVE», hasta podías pedir una copa de cava y cavilar sobre las fascinantes vidas de ejecutivos, políticos, mujeres de las televisiones y alguna que otra folclórica que venían quedando, porque allí al lado las tenías, una vez pude ver incluso al Gran Wyoming que decía no sé qué del «mamarracho de Marhuenda», ahí le daba. Y se plantaba uno en Toledo en menos de 30 minutos tan tranquilo, sin que se tuviera que notar aún eso tan ofensivo de que es una calle de Madrid, como si vivir en la capital no fuera una absoluta desgracia en caso de no ser turista o no tener bastante pasta. Pero ahora ya no es ni siquiera «tren rápido», y la mayor parte de los días ya puedes contar con casi una hora de trayecto. Así que de dormir muy poco.
Luego llega uno al horror de la estación de Atocha, permanentemente en obras, en la que los empleados de la RENFE han de ir escoltados por vigilantes jurados para que no les pongan pingando o a caer de un burro, o los corran a hostias en cualquier momento, los afectados de cada día, porque los clientes, sufridos sí son, pero gilipollas la mayoría no. La letanía tántrica en lenguaje renferiano es el «les rogamos disculpen las molestias», dicho constantemente, claro, pero eso sí, dicho en un tono abolutamente imperativo, rozando lo marcial: vienen a ordenarte que les disculpes, en una genial contradicción performativa digna de un personaje de Joyce y de los análisis de Grice, Austin y Searle. Sales ya esmagado de un viaje de una teórica media hora, para dirigirte a toda pastilla a la entrada del Metro de Madrid, atribulada institución municipal en la que ya se sabe que cuentan el tiempo de modo peculiar. Si lees que el tren llegará en 4 minutos eso allí significa por lo menos 17, y significa eso de una manera sostenida y regular, lo que indica que hay patrón, es decir, innovación, conteo novedoso, 1 minuto = lo que se les ponga en…
Pero antes de sumarte a las cohortes multirraciales y plurilingüísticas que abarrotan los vagones del Metro con sus maletas (ayer mientras una doña grande y contundente hacía que me empujaba, ante mi sopresa, una colega suya mucho más pequeña, y agachada, estaba intentando darle a su mano paso franco a mi mochila abriendo la cremallera inferior), has tenido la oportunidad, al salir de la parte de la RENFE proprie dictu, de contemplar a todo un símbolo de lo nuestro aquí y ahora (sin duda, también de muchas otras partes del mundo). Fue que vi, por detrás, a una mujer alta, y potente de musculatura, joven y de coleta rubia, que llevaba el uniforme de los vigilantes jurados, vulgo seguratas, un uniforme que es uno de esos, como nos repiten siempre, porque debe ser importante innovación, «de alta visibilidad», oseasé que se ven cojonudamente desde lejos incluso. La tal dama, solo vista por mí desde su cara posterior, en absoluto oculta, llevaba de manera aparatosa y como disuasoria una gran porra colgando del cinturón ancho de negro cuero reluciente (lo debe ordenar el reglamento, darle lustre al amanecer a los elementos de tan compleja impedimenta seguratil). Era superlativo el falo aquel, lo que se dice todo un porrón de temible aspecto, macizo, erecto hasta la truculencia, genuino fundamento del dispositivo patriarcal cuya visión te comprometía inmediatamente a ser bueno pero bueno, lo que se dice bueno, casi tanto como el novio de marras de la que rige el tinglado. Pero lo de verdad reseñable, lo que vale la pena de ser contado, es el detallazo de que la parte superior de la tal porra, que le obligaba a uno a jurarse freudiano para siempre, como si dijéramos, disculpando, el glande de la tremenda porra iba adornado o envuelto en una cinta gruesa con los colores de la enseña patria, la rojigualda desbordándose hasta caer, y reposar, en las paredes laterales del instrumento corrector de lo que se desvía. Recuerdos del franquismo lógicos a mi edad ya avanzada me acometieron de súbito, las porras abrían entonces las cabezas de los desobedientes a Arias Navarro, es un suponer, es un decir, porque como haber había la tira de ellos, de franquistas, y abrían las cabezas de los disconformes con el argumento de que se trataba de enemigos de la patria con los que había que poner punto y final ya de una vez. Ya sé que fue un lapsus, que es la bandera de todos, de tothom, de todo dios, y que esa mujer tan atlética en realidad guardaba a los empleados de la RENFE de ser objeto de la ira de los que igual van a perder su trabajo por no llegar a su hora no una vez sino casi todas. Nos protegía en realidad ahora a todos los demócratas, esa mujer que viviría en el gimnasio machacándose por la seguridad de todos, lo que pasa es que sería de VOX o del PP, que en Madrid para el caso es lo mismo. Y a eso ella tiene todo su derecho, hasta ahí podríamos llegar. Además, con su aspecto amenazante, fiero, dominante, era casi seguro que compensaba la frustración que le produjo el no haber aprobado el examen de entrada en la Policía Nacional, donde creo que ahora hay que estudiar, y no poco.
