LO DE LAS DOS ESPAÑAS

Las dos Españas. Como nací en el último periodo del franquismo, fui educado de una manera muy curiosa. No solamente estaban los curas y los falangistas, también estaban las series de aquella televisión recién estrenada. Y recuerdo una serie que a mí me causaba perplejidad, siendo yo prácticamente un niño, se llamaba «Diego de Acevedo». Era la historia de un tipo muy digno, más bien estirado de un modo algo alarmante, y que algo tenía que ver con el ejército español.
Se me quedó en la cabeza una frase que decían en la presentación de todos y cada uno de los episodios. Hablaban de cómo era el héroe, y se acababa con la siguiente frase: «Le tocó vivir momentos trascendentales (o cruciales) para España». Esta al parecer era su historia, con la que se pretendía transmitirnos por la televisión única en blanco y negro, y de manera «histórica» pero con emocionantes aventuras, los valores de aquello que llamaban en los colegios la formación del espíritu nacional. De manera que no solamente fueron los falangistas que daban aquella maría o asignatura, sino también la televisión y en concreto la serie Diego de Acevedo.

Claro que esto tenía mucho que ver con la repercusión de la Revolución Francesa en España, y es que estaba al lado. Todo lo de las dos Españas. Porque si la Virgen del Pilar no quiere ser francesa, sobre todo debe ser porque, si hubiera sido francesa,  ya en aquel momento de finales del XVIII, habría tenido que leer un montón de libros, nada menos que toda la literatura del Siglo de las Luces, lo cual representaría un esfuerzo excesivo, cosa que no viene a cuento de nada en una virgen. Se explica entonces que prefiriese ser capitana de la tropa aragonesa.

Siempre se nos había dicho a los niños de aquella época que la guerra de la independencia fue la triunfante consagración de la España real, verdadera, sobre todos esos demonios de los nuevos tiempos que querían falsear la manera de ser de los españoles, quitándoles su independencia y su libertad. No iba a ser mi sorpresa pequeña, muchísimo tiempo después, cuando pude leer una de las dos o tres vidas de Napoleón escritas por Stendhal. Porque el escritor le había acompañado en algunos lances de envergadura, por ejemplo la campaña italiana, y defendía a Napoleón por lo menos en alguno de sus momentos, que no en todos.


Habla también Stendhal de España y de la guerra que aquí se llamó de la independencia, reconociendo la proverbial valentía de su pueblo. Pero además, y en concreto, trata de dos cuestiones de las que nosotros, los niños del franquismo tardío, no teníamos ni pajolera idea, y que fueron para mí causa de perplejidad. En primer lugar, descubrir que Pepe Botella tampoco era tan botella, ni mucho menos, tampoco idiota, sino que, movido por su hermano, quiso reunirse con los españoles más o menos «progresistas», si es que hubiera habido alguno, o con la parte más progresista de los representantes políticos españoles, para, en la misma frontera con Francia, redactar entre todos una constitución democrática para el país, que a su juicio le garantizaría disfrutar de la democracia más avanzada de la época durante doscientos años.
Napoleón creo que en persona llegó a esa comisión y se quedó muy perplejo de que a los españoles les importara un pimiento todo el asunto. Sacó la conclusión siguiente después de ser informado: pero qué gente más rara, no le importa nada lo que pasa en Europa. «Solo les interesan los curas y los toros», dijo con profundo desaliento.
Otra cosa interesante que cuenta Stendhal es que, en lo que iba a estallar en Madrid tras la sublevación contra los soldados franceses, no pocas mujeres, las modistillas así llamadas, salían de sus casas con agujas y tijeras cuando detectaban soldados franceses tirados en el suelo agonizando, y entonces se complacían entre risas en clavárselas por todas partes para amenizarles su morir.
Aquí nació el tema de las dos Españas. Hay un momento en que los españoles que quieren despedir al antiguo régimen son tachados de «afrancesados». Es decir, si has leído a los ilustrados, automáticamente ya no eres español, eres francés. Solo eres español si eres un carca, pero bien acompañado por la Virgen del Pilar.

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