El artículo que sale hoy en «El País» sobre el trumpismo, y la pregunta de si hay que utilizar ya abiertamente, porque además conviene, o no, la palabra «fascismo», «fascista», etcétera, en vez de «populismo de derechas», extrema derecha, o cualquier otra cosa, es sin duda oportuno. Y más interesante aún cómo se responde en él afirmando o diciendo que sí, y además que es muy importante asumirlo ya. Pues reconoce una serie de rasgos constitutivos del fascismo y del fascista y del fascismo global. Y evidentemente, Trump encaja en todos estos rasgos como una mano en un guante, en concreto a partir de la toma del Capitolio, que es el preciso momento del paso de un populismo de extrema derecha al fascismo puro y duro.
En ese sentido, a mí me gustaría añadir que la condición discursiva sine qua non de que se desate un movimiento fascista a nivel global no es sino la extensión y la efectividad de la labor antiintelectual previa, consistente en eliminar toda posible diferencia entre verdad y mentira, se entiende, entre verdad y mentira en sentido sobre todo moral. Porque entonces, cuando ya no hay ningún criterio reconocible, mucho menos para el hombre medio, la mujer media, para distinguir entre hechos y fabulaciones, para distinguir entre verdades y mentiras, entonces ya está preparado todo el terreno para que surja el fascismo, a mi juicio no puede ocurrir otra cosa. Cuando no hay diferencia ni posibilidad de distinguir entre verdad y mentira, ya la argumentación, la palabra, el razonamiento no valen para nada. Nadie se pliega a ninguna conclusión crítica objetiva ni evidente, nadie está dispuesto a plegarse a las verdades, a lo que hay, a lo que dijo el otro y está requetegrabado. Como afirmó MAR el impúdico, sí, yo mentí, ¿y qué? Esto conlleva que la única solución para dirimir los conflictos sean las hostias, a eso incita MAR. Es la única manera. Eso es lo que se estaba preparando desde hace mucho tiempo. Ya no se puede hablar, con esta gente ya no se puede hablar.
En el sentido, no de que no te vayan a dejar hablar, eso era antes cuando les hacía falta censura, sino en el de que cualquier cosa que digas, por definición, la van a categorizar de mentira y la van a sustituir por una verdad hecha a su medida. Entonces, está claro que ya no vale para nada la argumentación y por eso es esencial al fascismo el odio y la lucha contra el intelectual, contra la universidad, porque el exterminio de la inteligencia es lo que les da a ellos patente de corso. No es que dé lo mismo un asno que un buen profesor, es que ahora el que vale es el asno, y el buen profesor alguien ridículo, o sea, pobre, ¡y encima se cree superior al animal, el muy canalla!
Entonces, la consecuencia de toda esta preparación, que es la llegada al poder de un movimiento fascista global en prácticamente todo el planeta, llevará consigo la ulterior eliminación de toda distinción. Ya no hay ninguna distinción entre ser imbécil y no serlo, y entre ser imbécil y ser una persona inteligente y culta, porque como además los cretinos tienen en sus manos la inteligencia artificial, se hacen la ilusión de que esta diferencia es completamente absurda y carece de sentido. Luego, tampoco hay ninguna diferencia entre ser un canalla y ser una persona decente, porque bueno, si se le deja rienda suelta al canalla, igual arregla los problemas del mundo, ya que es incapaz de reconocer sus errores, así que lleva el delirio hasta sus últimas consecuencias.
Y el problema o lo perturbador de esta eliminación de todas las diferencias, que en definitiva es una eliminación de cualquier matiz de diferencia entre lo bueno y lo malo, es que trae consigo inevitablemente la guerra generalizada, porque no hay otra alternativa. Con esta eliminación sistemática de todas las diferencias, en resumidas cuentas, los que asumen el poder con el fascismo son los resentidos, el más resentido, el más idiota, el cabrón. Tienen aquí su oportunidad, sin ninguna barrera.
Hay que restablecer el sentido de lo verdadero y lo falso, el sentido del contraste entre la mentira y la verdad. Pero esto solo se puede lograr por la acción directa, porque si no sería la pescadilla que se muerde la cola, y a eso nos llevan los fascistas, pero si te dejas llevar les estás dando lo que ellos querían. ¿Y qué otros medios hay que no sean los argumentativos? Esa es la tragedia del fascismo, el arrastre brutal de la pulsión de muerte.
FASCISMO COMO TRAGEDIA
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