¿Qué hay majete?
Ya sabemos que yo no soy tan posmoderno como tú y toda tu panda, y también que mucho más que a las moscas del mercado, las que le van agotando a uno con sus picotazos, le temo al mercado mismo en que la filosofía se prostituye. Savater escribió una espléndida Apología del sofista, y mira tú dónde fue a parar, ojalá nos sirva de guía, pero esta vez negativa. Ya sabes, querido, que siempre me he entendido a mí mismo como amigo de la verdad. Pero no exijo a nadie que lo sea, si no te interesa para nada la Filosofía seguro que te interesan otras cosas, no sé cuales, cosas que se pueden encerellar con la Filosofía (no sé si este verbo último será castellano, pero lo pongo).
Te digo además, majete, que últimamente he estado rememorando mi encuentro con la lógica en el año 1974, con la admirada profesora Lucila González Pazos dándome clase en primero de carrera. Pero, ¿para qué nos sirve la lógica en un mundo como este, que por supuesto no sería el de las ideas? Un mundo sin esencias no sería practicable para los conceptos humanos. Vivimos en lo borroso, lo opaco, lo turbio, la ambigüedad dilecta del que no dice nada claro así lo maten, presumiblemente por la cuenta que le trae. Como recuerdo que una vez me dijiste, extrañamente airado, que hay que dejar atrás a Darwin, pero ¿qué te hizo el pobre?, entonces sé que no te va a interesar mi respuesta a la pregunta de para qué sirve la lógica, porque en el fondo es básicamente la que iba a dar Popper en nuestro mundo intelectual (post)darwiniano. Precisamente por eso la lógica es muy importante, porque todo es turbio, y con la lógica, con la argumentación pública, lo que podemos conseguir es desenmascarar al mentiroso. Como sabrás de sobra, ya lo creo, en todo grupo humano que tiene un objetivo declarado con claridad, y trabaja honradamente para conseguirlo, pretenden a menudo viajar gratis uno o varios polizones. Por ejemplo, llegar a lo alto de la cosa investigadora y docente colándose de rondón por un hueco que olvidaron tapar, evitándose así el via crucis de la carrera académica (te pongo este ejemplo porque lo entenderás divinamente ya que te has pasado la vida en la Universidad, ¿o no es así?)
Como muy bien vio Nietzsche, la conciencia lingüística, el Logos, es imprescindible para la comunicación entre nosotros los humanos. Aunque el pensador alemán aseguraba poder detectar la mentira simplemente oliendo, esta utilísima habilidad sería inaplicable en nuestro mundo de hoy, dados el progreso de la industria del perfume y la jeta granítica que se gastan ahora, esa abisal desfachatez en la impostura. Y es que no sé si sabes que habría gente podrida por dentro, son pura mierda, que sin embargo huele a gloria porque se pasa la vida echándose esencias de pitiminí. De modo que para atrapar al embustero sistemático la nariz difícil lo tiene ahora, lo que se requiere hoy es el trabajo que detecta contradicciones, o sea, es necesaria más que nunca la lógica. Sobre todo porque hoy es todo mercado y lo que no se convierte en mercadería no sale casi nunca de un cuartito de esos tan cutres de la uni pública.
