VOTAR A SANTI POTRA

Vengo ahora con la compra del súper, donde una señora entrada en años y en carnes, de inconfundible acento como de Lima, me ha preguntado tras darme unos golpecitos en la espalda: «Chico, ¿dónde tenéis esos botecitos de maíz para echarlo en las ensaladas?». Ocurre que el envejecimiento también se nota en el cerebro, ¡cómo no!, y eso creo yo que explicaría que mi primera reacción fuera ir a contestarle algo así como: «¡Pero señora! Tengo 68 tacos y soy catedrático!». (Iba tal conato de reacción pueril acompañada de «un pulo de noxo», expresión de la que estoy enamorado desde que la leyera de joven en un relato de Blanco Amor, si mal no recuerdo). Pero por fortuna el tiempo aún no habría acabado conmigo del todo, así que pude recapacitar y luego reprimir decentemente tal reacción incoada. Fui capaz de considerar que iba yo en pantalón corto, y además llevaba bien calada una gorra de visera con los colores de la bandera portuguesa acompañada de un número 7 en grande, que según me informó hace no mucho mi sobrino sería el de la camiseta de un tal Ronaldo, y para remate, muy bien visible en lo más alto y centrado de la gorra de visera, una insignia con la enseña de la bandera gallega tal y como la representa el BNG, que es lo que a mí me mola. Tras esta reflexión que deja clara mi juvenil disposición espiritual, le contesté a la peruana, sin duda abrumada por el atracón semiótico, y con mi mejor sonrisa: «Hasta ayer teníamos un montón de latas de granos de maíz, querida señora, pero desgraciadamente hoy a primera hora aterrizaron aquí los marcianos y no dejaron ni uno». La dama, incombustible ante las impertinencias por pura veteranía en ellas, continuó revolviendo productos diversos, y yo volví a buscar la leche sin lactosa.

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