Hay un modo que no es infalible de anular el pensamiento nietzscheano y hacer como si no fuera con uno, dejándolo como residuo decimonónico que hay que «explicar» académicamente para que no nos estorbe la digestión y poder seguir en la hipocresía que es la esencia de toda política.
Consiste en que a Nietzsche lo lea un tonto, y se le recompense de algún modo por escribir «un libro» después. Porque entonces sale un Nietzsche tonto o muy tonto, con lo que nos sorprende que haya tenido la descomunal influencia que ha tenido. Característico del tonto es aturdirse con montañas de bibliografía secundaria que le ayudan a confundirse totalmente con la primaria. Cuanta más bibliografía domina el tonto más tonterías dice, eso no falla.
